ARROYO EL CURA
Junto al puente d la embrozada ruta Irazusta
en la puerta d entrada a Costa Uruguay Sur
vamos bajando el semicircular sendero
hacia el balneario natural del arroyo El Cura,
con la exaltada alegría d dos niñas en excursión;
Yera y Grani corretean desesperadas hasta el agua,
Grani se zambulle y nada con la gracia d Esther Williams,
Yera se anima hasta q el agua le moja la panza;
salen y entran, chapotean y corren d aqí para allá
con la mayor alegría q al parecer la vida les da,
me siento en la orilla bajo un ceibo en flor.
En sus correteos alocados vienen junto a mi,
mirandome fijo lloriqean y ladran para q me meta yo;
a veces el curso está bajo y se ve el lomo del lecho
como cadenas d charcas unidas x hilos d limo
dejando desnudos los cuellos d los camalotes;
hoy está algo crecido y hay una fiesta d sol,
saltan las mojarras en sus anillos concéntricos,
como astillas d argentum q bombardean el río
y una tramoya d biguases con flemática paciencia
bucean las profundidades d la cinta arremansada,
sumergiéndose con la delicadeza d un pétalo d luz,
emergiendo 15 segundos después veinte metros mas allá
con un plateado agitamiento en su negros picos
q tragan con la fruición d un sibarita exhibicionista.
¡Ah! a veces tengo suerte...
y puedo disfrutar un buen rato las visiones
d ése meandro marrón festoneado d esmeraldas
y dejarme engañar x la sensación d q la vida es bella,
pero la cercanía d un rancho basuralizado
implica q casi siempre una diarrea d cumbia tumbera
me recuerda a todo volumen q el mundo es una bosta;
y me vuelvo a casa con una bucólica decepción.
(8/12/24 - 23:50)
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