LIBROS VIEJOS
Están durmiendo y me reciben d cualqier manera,
no me estoy refiriendo al protocolo
sino a su circunstancialidad material,
con escaparates abiertos d par en par,
en una manta extendida en el suelo
o en un sector solitario d la biblioteca.
Amontonados en una mesa d viejos
en un puesto d feria d la plaza
o en sus confortables vitrinas oscuras;
guardando historias d vida y aventuras,
poemas y filosofías q florecen y pasan,
pero sobre todo, un tesoro inmaterial y añejo,
ésa embriagante fragancia d antigüedad,
un perfume d profundas reacciones epidurales
q solo pueden ser resucitadas x la nariz,
como aqel ambiente d aula con 'Peldaño 3'
o el 'Ivrit Bitmunot' d mi hebreo adolescente;
o los cuentos d Grimm d mi librería personal.
Invisibles anillos apresados entre hojas
x la descomposición d la lignina y la celulosa,
impregnando las fibras d algodón gobelino
con ácidos grasos, fulgural y benzoldehídos;
exhalando atávicos fantasmas d alma leñosa
q decapan los oxidados goznes d la memoria.
Mágicas páginas d inspiraciones olfativas
con dulzones acentos tibios d vainilla
o amaderadas notas d almendro y nogal
q hunden sus ramas en el nebuloso mar
d la temperancia con sus pulpas amarillas.
Rasgan jirones d sublimaciones afectivas,
tan opuestas pero tan complementarias
al olor agresivo d los libros nuevos,
x el avinagrado aire del ácido acético,
q crean la colofonia y el tinte sintético,
invitándonos a sentir futuros versos
q un día lejano hallaremos en nuestro inventario.
(23/4/25 - 15:30)
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