YO BUSCO TUS HUELLAS
Yo busco tus pasos en la arena, ¿te acordás?
te decía, e iba descubriendo tus huellas
q los médanos resguardaban para mi,
a pesar d las ventoleras d agosto.
Además ¿qé otros locos como nosotros
irían a congelarse en la playa d invierno.
"es una ciudad d viejos" se decía, y aún lo es,
x éso nos gustaba, éramos los amos del mar;
y la perimetrábamos mate en mano,
el termo y la yerbera en el morral.
Era nuestra peregrinación privada
la manifestación d nuestro credo,
como los musulmanes rodeando la Caába;
empezando en la infinita ruta d Los Talas,
le decíamos 'la ruta chiqita, la rutita' jajaja
desde la Pereira hasta la 11. Era puro yuyal.
Si la vieras ahora, hasta Playa Grande se loteó;
lo q fué nuestro Sur Venéreo se acabó.
Y en la gran rotonda, donde hoy está la terminal
doblabamos x la calle angosta hasta la zanja
donde sale ruta 1, donde nace la Naval;
ahí cambiabamos la yerba como un ritual,
era mas ancho el zanjón q la 'avenida' jeje,
hoy tiene dos manos y el zanjón en el medio;
y x la 38 llegabamos al puerto x fin,
no recuerdo si ya existía El Delfín;
allí asomados a la baranda costera
jugábamos a qién veía primero
al osado cangrejo paseandero.
El ganador no pagaba los churros
del 'qiosco' frente a Mundo Marino
q comíamos bajando x 51,
xq aunqe qeríamos hacerlo x avenida IX
era un desolado yuyal peor q Los Talas;
hoy, salvo la rotonda con Naval, sigue casi igual.
Otros dos largos qilómetros hasta la playa
y ya en la arena ocre o grisácea
nuestros pies descalzos
jugaban a la mancha con la marejada
caminando como la pantera rosa, jajaja
cuando creíamos q nadie nos veía, ¿te acordás?
menos mal q aún no había esmartfóns.
Así llegabamos hasta 18 y el botánico... no,
las 2 cuadras del camping del ACA
caminábamos sin hacer payasadas,
allí siempre había muchos ojos curiosos
Y allá en las solitarias dunas del sur
donde Eolo y Neptuno nos ragalaban
el reservado a cielo abierto
mais grande do mundo,
ni sentíamos el frío en la piel desnuda
cuando el sol anaranjeaba
y el viento soplaba hebras d hielo.
Volvíamos x la famosa calle 1
para cruzar x mi amado Ameghino
contando vos los bichofeos
y yo las calandrias q a ésa hora qedaban
cruzándosenos en el feliz camino a tu casa.
Jamás volví a ésos lugares, y x éso tal vez
halles errores q mi memoria emparchó;
me acechaba un dolor al q no me atreví,
es q nunca pude llorar mis duelos;
al parecer todas mis lágrimas se agotaron
en la infancia con las desgracias d Lassie.
Entonces algo como una carcoma necrófaga
me corroe la mente y la emoción.
Treinta y pico d años después,
cuando terminó mi condena existencial
y con un infarto inadvertido
q me puso una fecha d vencimiento casi láctea,
decidí q iría a vivir a nuestro paraíso
para volver a buscar tus huellas d antaño
y ver si aún está la casa d nuestra felicidad,
para tener la arena d tus dedos en mi mano,
para q tu omnipresencia me diera alegría
apareció ésta sarna implacable
q es mi demonio d la guarda
y me arrastró en la dirección opuesta,
sabiendo q cuanto mas lejos mas hondo
la astilla d tu necesidad se me clava;
y me arrojó acá en el fondo d sus landas,
al costado del basural d la ciudad
para humillarme, vejarme, torturarme
como víctima sacrificial d su carnaval.
(16/1/25 - 0:10)
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