Puedo volar saltando d quasar en quasar
en las alas tónicas d Andreas Vollenweider,
puedo convertirme en mi propio isómero
con la cabeza en el cóxis* y un pié en el cuello
para poder sobrellevar la falta d tu sonrisa,
q llevo ensartada entre los omóplatos
como un axis q evita mi deriva sin rumbo;
como una mesana q concentra el impulso
d cada respiro q no diste en nuestra cama.
Cada planeta del universo tiene tu cara;
cada estrella es el diamante solar d tu peana,
y tus labios con su glamoroso turbillón
me envuelven como las antiguas serpentinas
en el apogeo final d la alegría.
Luego, todo se vuelve añoranza, melancolía.
Anoche te vi mirándome desde Géminis
con tus rojos dientes marcianos brillando;
y recordé cuando se alinearon los planetas
a poco d conocernos, allá x los ochentas,
y nos íbamos cada noche a mi santuario,
a mis médanos solitarios del botánico
donde las luces d San Clemente desaparecen,
con el radiograbador d doble casetera
y nos recostábamos en la amarillenta arena
a buscar la cuerda planetaria en la Vía Láctea
ensoñados con Kítaro, Jarré, Vangelis, Narada.
(23/2/25 - 16:30)
* título alternativo, el nombre original figura en los manuscritos q cedí a la Biblioteca Popular Sarmiento d Gualeguaychú.
* coxis o cóccix, ambas formas son aceptadas.
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