LA MAÑANA VERDE
La ventana con su vidrio enturbiado
x el sufrimiento d un siglo sin cuidados,
y la vaporosa humedad d la tormenta
me muestra un día verde, verdoso, averdosado;
un jóven jacarandá está en primer plano
con su enjundioso follaje reverdecido
tras las heladas mortales d invierno.
Se meces esporádicamente al roce d una brisa
q se arrastra bajo el martillo feroz d las gotas.
Un día d feliz gracia para la huerta,
un día d infeliz guerra contra el barro;
y en el flanco mas siniestro del patio,
del lado donde el corazón arrulla el amor
d las almas q deberían crecer sanas,
al abrigo d los diestros tentáculos del odio,
la higuera brilla su fulgor esmeraldino
bajo los breves y efímeros refucilos
q esputan los carraspeos nefélicos del cielo,
mientras ella sigue maternalísticamente dedicada
a madurar la ambarina dulzura d sus frutos.
Avanza la mañana y la verdosa blurización
d las vítreas pantallas q se empañan d gris.
Hora d tomar mate, si es q a la cocina
se le antoja encender hoy, sólo con el chispero.
(22/2/25 - 9:10)
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